Mexicanidad, popurrí de mis recuerdos

Al escuchar “identidad cultural de México”, inmediatamente se me viene  a la mente, esa imagen de la caricatura “Speedy Gonzáles “, cantando “cielito lindo” y al recordar esto, traigo a la mente un texto que nos leyó la maestra de literatura hispanoamericana en la preparatoria,  sobre la visión del mexicano en la nueva España, según los cónsules del Real Tribunal del Consulado de México.

Cito un fragmento de este texto:

“(…) está dotado de una pereza y languidez (…) y jamás se mueve si el hambre o el vicio no le arrastran: estúpido por constitución, sin talento inventor, ni fuerza de pensamiento, aborrece las artes y oficios, y no hacen falta a su modo de existir; borracho por instinto (…) carnal por vicio de imaginación y desnudo de ideas puras sobre la contingencia, pudor o incesto, provee sus deseos fugaces con la mujer que encuentra más a mano: tan descuidado, como insensible a las verdades religiosas (…) y con desamor para todos los prójimos, no economiza sino los crímenes que pueden traerle castigo inmediato.
Dos millones de individuos pertenecientes a las castas eran considerados igualmente despreciables:
Con más proporción para adquirir dinero, con más dinero para saciar sus vicios; con más vicios para destruirse, no es de admirar que sean más perdidos y miserables. Ebrios, incontinentes, flojos, sin pundonor, agradecimiento ni fidelidad, sin nociones de la religión y de la moral, sin lujo, aseo ni decencia, parecen aún más maquinales y desarreglados que el indio mismo (…)
Un millón de blancos que se llaman Españoles Americanos, muestran la superioridad sobre los otros cinco millones (…) más por sus riquezas heredadas (…) por su lujo (…) y por su refinamiento en los vicios, que por diferencias substanciales de índole (…)”

Esto, fue escrito en 1811, hoy a  202 años, seguimos teniendo ésta imagen sobre la “mexicanidad”, comentaba con mi papá, acerca de, éste estigma que cargamos los mexicanos desde hace siglos, y recuerdo aquella “raza cósmica”, esa genialidad de nuestros ancestros aztecas, y, mi papá me comentaba que, después de haberlos despojado de, su tierra, lengua, dioses, vestidos, ¿qué les quedaba?; esclavizados, y obligados a trabajar para los terratenientes, sin ninguna remuneración; ¿hacer o no hacer el trabajo para “su merce’”?, esto venía dando lo mismo, no había ningún beneficio para estos, así que, sí lo hacían, lo hacían a su modo, sin ninguna prisa; ¿hablar y entender bien el castellano?, preferían hacerse los desentendidos, para no realizar las indicaciones de los terratenientes, esto lo vemos en nuestro contexto de mexicanos, en pleno siglo XXI, pero, ésta es, solo una parte de la identidad “psíquica-social” de México.

Nos encontramos con los diferentes regionalismos y fiestas patronales que, se celebran cada semana, en los diferentes pueblos/ciudades, las peregrinaciones, muestra del sincretismo entre las tradiciones prehispánicas y cristianas, incluso ahora, los nuevos ídolo, la “santa muerte”, la “hermana flaquita”, la “niña blanca” o qué decir de “San Malverde”, o el sueño dorado de algún joven sinaloense, el “Chapo” Guzmán, todo esto es parte de esta idolatría heredada.

Los cholos migrados del campo a la metrópolis, impactando en música y costumbres del Distrito Federal, o qué decir de, los aplaudidos cartones/caricaturas políticas, donde le ponen orejas de burro al presidente en turno, o ahora el día de “halloween” y que los niños, por no caer en lo “no tradicional mexicano” y lo diabólico, le dicen “pedir calaverita”, seguida por las celebraciones del día de “todos santos” y el “dia de muertos”.

Las posadas, las piñatas, el ponche con “piquete”, todos estos recuerdos coloridos me llevan a nuestros mercados, los “tianguis” que, también son orgullosa herencia prehispánica, el trueque, o ese chocolate mestizo o “imperializado”, llamado cacao o cocoa, como le dicen los “gringos”.

Las bodas y demás celebraciones que, llevan un mole y su respectivo ajonjolí, qué decir de nuestra clase burguesa capitalista y su afán por salir cada sábado en el periódico local, o de “nuestra belleza México” también llamada “la flor más bella del ejido”, “la reina de las fiestas de navidad” , “reina de la Kermés” o “ la reina del barrio de “x””.

Los atrapa novios, las muñecas de trapo, las agua de frutas, los tamales o, las europeizadas, “tortas de tamal”, más conocida como, “guajolotas”.

La poesía, el lenguaje florido, las palabrotas, y los mil usos de esa palabra tan mexicana que, Algarabía nos ha enseñado en su famosísimo “Chingonario” o, ¿por qué no hablar de nuestro amor a las anfibologías, el doble sentido, el “albur”?, los mexicanismos, palabras que creemos castizas y son totalmente náhuatles, o nuestra afición a los productos “milagro”, o los remedios caseros, las “limpias”, los chamanes, el peyote, etcétera.

Esto es la mexicanidad, la identidad cultural mexicana, una gama de sabores, colores, olores, costumbres, que no son más que, la síntesis de lo indígena, español, africano, y con el paso de  los años, un tanto “yanqui”, tan es así que, están nuestros “chicanos”, eso es México hoy, un tanto náhuatl, mestizo, cristiano, guadalupano, francés,” yanqui-american way of life”, “cholo”, “pocho”, “buchón”, posmoderno, retro, “pachuco de oro”, “hippie de Abándaro”, “#yoSoy132”, con iPod y sombrero.

 

 Imagen

Bibliografía:

http://archive.org/stream/mxicohaciaelfi00torr/mxicohaciaelfi00torr_djvu.txt

 

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